Antes de asomarse a los entresijos de la investigación histórica y alzarse como el coloso intelectual que fue, el joven Mario Góngora del Campo hubo de buscarse a sí mismo a través de los intrincados vericuetos del propio mundo interior y de su historia personal. El impetuoso escrutinio de sí, lo llevó a leer cada libro que cayó entre sus manos y a marchar con paso marcial ante las banderas del período entreguerras —Juventudes Conservadoras, ideas filofascistas, Partido Comunista—, involucrándose íntegramente en el acontecer nacional como estudiante de Derecho, primero, y luego cursando la Filosofía con mención en Historia. Pero, tal vez, su más decidora orientación fue aquella que le conducía hacia Dios por medio de la práctica devota y la acción social como joven católico. En el presente libro, Patricia Arancibia explora ese periodo de formación de Mario Góngora, desde sus antecedentes familiares y su niñez hasta los treinta años, enfatizando tanto el aspecto interior de su persona como su acción en el mundo que lo circundaba, deteniéndose en los hitos de su trayectoria vital e intelectual y relevando su pertenencia a la generación política e intelectual chilena de los años 30, la cual marcaría las directrices culturales y políticas del país hasta fines de la década de los 70.